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Virtudes heroicas

Las virtudes heroicas de Padre Jacinto Bianchi

Jacinto Bianchi es uno de los servidores de Dios del cual su vida se desenvuelve constantemente sobre la plataforma de la inocencia, por esa moldura debemos comprender lo expuesto sobre sus virtudes.

Las virtudes teológicas:

La Fe


De todas las fuentes y los testimonios, se deduce que: “la vida del servidor de Dios fue destacada en la fe. Animada y sustentada de esta virtud, El vivía de la fe como los hombres justos del antiguo Israel. He aquí algunos testimonios:
“Su fe fue profunda, firme, activa que afrontaba cada dificultad. Sus palabras, actitudes y decisión fueron inspiradas por la fe, El hizo comprender que su pensamiento fue siempre fijo a Dios. (Summ, p. 397, ad 33)
Padre Elizio Mazzola, conoció al padre Jacinto de muy cerca; ha manifestado así: “Tuve la segura impresión que el Padre Jacinto vivía de su fe. Permanecía edificado de su celebración; leía pausadamente y realizaba muy bien la ceremonia, yo percibí que estaba mucho tiempo en la Iglesia después de la misa, también percibí que dedicaba largo tiempo de su visita al Santísimo Sacramento”.

La esperanza

La virtud de esperanza estrechamente unida a la fe fue practicado por el servidor de Dios, alejado de la realidad terrenal y abandonado confiadamente en la mano de Dios. En efecto, hermana María Solimani escribe más tarde en su testimonio: “El tenía una confianza en la providencia divina el desprendimiento de las cosas del mundo, de todas las personas y las cosas creadas. Él vivía la pobreza perfecta, él fue como un pobre sin casa y sin techo. Su riqueza fue Jesucristo. Desprendido de sus padres, casi solo sobre la tierra, él había renunciado a todos por amor para su Dios”( Ibid, p. 360)
La confirmación de este testimonio se encuentra en otro texto de la hermana Annunciata Capra: “El vivía abandonado en la mano de la divina providencia. Ninguna preocupación por él mismo, ninguna por el mañana. Siempre pobre y necesitado de todo, pero siempre presto a socorrer a todos. Cuando iba a la predicación, él abandonaba rápidamente el púlpito y no esperaba las ofrendas”(ibid, p.329).
Extraordinaria energía de esperanza sobrenatural que ha animado y orientado al Servidor de Dios a la vida eterna y al paraíso, esa carga es lo que le ayudó a soportar con resignación su penosa y larga enfermedad volviose mártir en el lecho del dolor. Su cuerpo fue convertido a una llaga, solo quedó su mano derecha para poder estrechar su crucifijo, lo llevaba a la boca y sobre su corazón; de lágrimas llenó sus ojos, su cara mostraba su sufrimiento heroico, pero de su boca solo se escuchaba balbucear palabras de oración”(ibid, 349)
La fe y esperanza fueron las virtudes que brillaron en la vida de Padre Jacinto Bianchi, tanto más penetradas por la caridad divina.

La caridad

Muchos testimonios atestiguan que todas las acciones y obras del Servidor de Dios fueron sostenidas por la virtud de caridad, ejercitado en el marco heroico. Es lo que declara la hermana María Solimani: “Estuve veinte años en su dirección, tengo el deber de decir lo que yo conozco de su virtud. Sus cartas y sus confidencias me han permitido conocer un hombre lleno del espíritu de Dios, de devoción a la Virgen María, a Santo José, los santos protectores y a las almas del purgatorio. Me revelan su gran amor por el sufrimiento a partir de la gran confianza en la divina providencia. El desapego del mundo, amor a la pobreza, amor al prójimo, el ardor por la Gloria de Dios, para la salud de las almas y abandono de si mismo” (summ. P.345).
Otra faceta de la caridad para con Dios era la caridad al prójimo, fue naturalmente presente en la vida del nuestro Servidor de Dios. Basta pensar en las iniciativas que el Padre Jacinto realizó: la casa de trabajo a Scandolara, en Genova con el proyecto del Asilo de los hombres célebres, a Pigna con la restauración de la Iglesia parroquial, con la construcción de la gruta de Lourdes, formación de la piadosa Unión Mariana, sobre todo la fundación de la Congregación Hijas de María Misioneras, que revelan su pasión misionera y evangelizadora; con una palabra, podemos decir: que el servidor de Dios tenía siempre en el corazón la salvación de las almas que es la Caridad en su máxima expresión.

La hermana Augusta Tasso, afirmó que “ El Servidor de Dios” tenía un amor heroico para el prójimo, yo sé que él oró y hacía orar para obtener las gracias para el prójimo, en particular la conversión de las personas erradas y de los pecadores. Yo pedí a Padre Jacinto de ofrecerme como víctima por las mujeres equivocadas; el Padre Jacinto aprobó estas intenciones y al mismo tiempo pidió acrecentar estas mismas intenciones para los hombres equivocados, y él me dirigió en mi deseo de practicar las ofrendas a través de las oraciones y las penitencias especialmente espirituales, él se predisponía con mucho gusto a ayudar al prójimo según cada necesidad que ellos presentaban. En su predicación se comprobaba su amor ardiente para las almas” (ibid p. 430, ad.51).
Y con esta misma línea, el texto continua así: “ Nunca se escuchó del Servidor de Dios lamentarse contra alguien, criticar o decir habladurías. Él dio respeto a todos. Nunca hizo notar algún resentimiento o desánimo. Él contestó con el silencio y con la paciencia las groserías y las incomprensiones” (ibid p 403, ad 52). En este contexto, es meritorio mencionar como expresión de caridad magnánima de Bianchi, cuando se declaró disponible a realizar el ministerio sacerdotal a Pigna en la diócesis de Ventimiglia. El había sufrido la humillación de detención y después la condena civil por parte del Legado de la Misa con intervención de Theodoro Rebaudo (cf Summ, pp. 78-82, 102-106, 108,112).
Se puede comprobar en su pequeño, pero elocuente testimonio que toda la vida y el ministerio sacerdotal de Padre Bianchi fue alimentado por una extraordinaria caridad; envés Dios y revés su prójimo; sobre todos los necesitados, así el Servidor de Dios se distinguió como hombre de Dios que vive y obra en la óptica sobrenatural.

Las virtudes Cardinales

Como se sabe: las Virtudes Teologales son estrechamente ligadas a las Virtudes Cardinales así se compenetran mutuamente y expresan su única práctica virtuosa elevada por la caridad. A esta práctica teologal se injerta la virtud cardinal practicadas por el Servidor de Dios.
Aunque no hizo los votos religiosos, Bianchi vivía en un estado de vida de perfección evangélica, o una santidad de vida que daba la cohesión a la virtud teologal y moral, incluso así a las virtudes “humanas”. Así lo describe su biógrafo Padre Revelli (cj summ. Pp. 284-288). La práctica constante de las virtudes en general y en particular parece ser a mi criterio, suficiente para reafirmar su práctica heroica.
A propósito de la prudencia, misma que tiene alguna perplejidad, aclarada luego por el postulador, se agrega una palabra más sobre la manera de actuar del Servidor de Dios, en ese caso específico del legado de Misa de Rebaudo (cf. 114-129). “Como se trató en el Summ. (pp.114-116) el postulador escribe las incertidumbres mencionadas arriba, toda esta triste situación de Padre Jacinto Bianchi sucedió por la perfidia de cualquier enemigo personal del padre en Pigna. Y todo se dio por el hecho de que las dos mil (2.000) liras que recibió para la liberación de Legado de Misa, fue dado a los seminaristas salesianos como una ofrenda, y también utilizado para rescatar a las jóvenes negras (niños y jóvenes esclavos). Utilización y destino justo y legítimo de la parte del Servidor de Dios, más fue utilizado con un poco de imprudencia, por no cumplir con la finalidad para la cual el dinero fue dado por Rebaudo. Más que imprudencia (e injusticia) se debe afirmar que Padre Jacinto actuó con una irrefrenable libertad (Informatio suoer virtutibus, p. 63). Otras observaciones podrían tomarse en cuenta sobre su comportamiento “poco prudente” en la sistematización Jurídica del Instituto fundado por él, que hasta su muerte, él no había recibido la aprobación canónica; sobre la cuestión de la construcción de la Iglesia en honor de Santa Ermelinda, sin acabar en Villa Pasquali (cf Summ, 248-249). En estos casos creo que es necesario hablar más que de imprudencia de la confianza excesiva en la Providencia Divina por estar de acuerdo con lo que está escrito en la Positio: “ El pobre Servidor de Dios fue más bien victima de su ingenuidad, de su inexperiencia y quizá de su excesiva confianza en los hombres. Un poco más de orden, exactitud y también un poco de perspicacia podrían haberle librado de todo esto y de otras dificultades encontradas en su vida” (ibid, pp.115-116). Juntos con la prudencia, la virtud en la cual hemos prestado más atención, se debe recordar igualmente de la justicia, de la fortaleza y de la temperancia del Servidor de Dios. Basta pensar el problema de la mujer, colocado justamente y con anticipación en aquel tiempo como centro de sus actividades, a la perseverancia en las iniciativas emprendidas, en las numerosas pruebas superadas cristianamente por él, para entrever en el Servidor de Dios una figura de un padre extraordinario.

Fuente: “HYACINTHI BIANCHI, RELATIO ET VOTA CONGRESSUS PECULIARIS SUPER VIRTUTIBUS – DE 17 FEBRUARII NA.2006 HABITI”,
Primer voto pp. 9-15
Traducido a español: Profesora Lorena Flores, Hermana Mariela y Hermana Alicia.

 
     

 

     
 

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